sábado, 16 de agosto de 2025

Mi historia con Dios:

Tengo varios testimonios que quisiera compartirles, y pues, empezando, mi mamá no podía tener hijos. De hecho, mis tíos tampoco, y yo fui la excepción en este caso. 

  

Mi mamá intentó tener hijos muchas veces, pero su cuerpo abortaba de forma natural. Al cabo de unos tres o cuatro meses ya estaba abortando. Ella quería tener un bebé, luchaba y luchaba, pero no podía. 

  

Mi mamá siempre ha ido a la iglesia, pero específicamente en esta situación quería conocer a alguien que pudiera ayudarla, ya que lloraba y todo, pero sentía que necesitaba más ayuda. Fue entonces cuando conoció a un pastor. 

  

Al pastor le contaron todo lo que sucedía: que querían tener hijos, pero no podían. Él estaba sentado con mis papás, escuchando la situación, y luego oró por mi mamá. En ese momento, ella estaba embarazada, y el pastor dijo: “Este embarazo va a funcionar, este bebé va a nacer.” 

  

Ella no lo creía mucho, pero siempre estaba la fe, la fe de que iba a suceder. Ese pastor se llamaba David. No sé dónde está, ni si sigue vivo o no, pero ese fue uno de los motivos por los que mi mamá me llamó David. 

  

Yo fui ese bebé que nació. Éramos cinco hermanos y yo era el cuarto. De todos, ninguno alcanzó a nacer, solo yo. Después de mí, mi mamá quiso tener otro hijo para que yo tuviera un hermano, pero no se pudo. 

  

En otras palabras, había sucedido un milagro. 

 

El siguiente testimonio que voy a contar es que, cuando nací, nací con asma. Esa enfermedad me impedía jugar mucho, porque si sudaba y me daba una brisa, ya fuera de la noche, de un ventilador o de cualquier cosa, me daba una crisis de asma y no podía respirar. 

  

Era bastante molesto tener que estar quieto, ya que era pequeño, un niño, y veía que los demás jugaban y yo también quería hacerlo. Mi mamá me hacía remedios caseros, pero solía empeorar bastante. Muchas veces, entre las 2 y 3 de la madrugada, terminaba en emergencias para que me dieran el medicamento: unos puffs, unos inhaladores. Incluso tenían uno más grande, con careta. 

  

Llegó un punto en el que los médicos me dijeron que no me recibirían más, porque ya había recibido demasiado medicamento y esto tenía efectos secundarios. A veces se me brotaba la piel y, en ocasiones, me disociaba un poco, diciendo incoherencias, como si estuviera en otro estado. Mi mamá estaba preocupada y los médicos dijeron que ya no podían seguir con ese tratamiento, que teníamos que buscar otras opciones. 

  

Al poco tiempo, fui a la iglesia. Tenía 12 años. Fui porque mi abuela me dijo que iba a ir un pastor muy reconocido y que tal vez podría aprender algo chévere que valdría la pena. Yo fui sin esperar gran cosa y no entendía mucho eso de que las personas “caían” cuando oraban por ellas. 

  

Ese día, al final del culto, estaban cantando y dijeron que los niños pasaran adelante porque iban a ministrar y orar por nosotros. Yo pasé, vi cómo los niños a mi alrededor se caían y pensé: “Yo no me voy a dejar caer”. Pero, evidentemente, terminé cayendo y no podía levantarme. No lo creía, pero era verdad. 

  

Cuando me levanté, noté que tenía en la cara como escarcha. Sentí que algo había cambiado, aunque no entendía qué. Lo supe después: desde ese día, nunca más me volvió a dar asma. 

  

Había sucedido otro milagro.  

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Presentación

Mi nombre es David Castellanos y este espacio ha sido creado como parte de la materia Cultura Religiosa. Este sitio busca ser un lugar de reflexión, donde pueda expresar cómo la espiritualidad y la relación con Dios han influido en mi camino. Mi propósito es mostrar que la fe no solo transforma la vida espiritual, sino también la forma en que entendemos el mundo y nuestras experiencias cotidianas.